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La Traviata, un espectáculo inolvidable


Álbum, pinchando sobre la foto

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VÍDEO: El "Brindis"

VÍDEO: El “Brindis”

Con el cartel de “no hay billetes” colgado desde hace varios días, se representó en la noche de ayer en el Teatro Municipal de nuestra ciudad, la Ópera en tres actos de Giuseppe Verdi, con Libreto de Francesco Maria Piave, la Ópera “La Traviata”, basada en la novela La Dama de las Camelias de Alejandro Dumas hijo. Un decorado impresionante, se nos presentó a los acordes de la Orquesta “Ópera 2001”, dirigida por Martin Mázik, en el cual se desarrolló el drama que vive Violeta, fruto del amor por Alfredo, papeles encarnados por la voz exultante de la italiana, Elena Rossi y el tenor peruano, Andrés Veramendi. La obra se realizó en versión original en italiano, pudiendo ver la traducción simultánea al español en una pantalla digital, colocada sobre la embocadura del escenario.
La orquesta, quizás, aun estando correcta, nos hizo echar de menos la sublime actuación que la misma realizó en este mismo escenario el pasado 6 de marzo con la interpretación de “Nabucco”. La puesta en escena fue, como nos tiene acostumbrados la compañía “Ópera 2001”, sobresaliente en cuanto a decorados y vestuarios, así como mención especial merecenlos componentes del Ballet Español de Murcia, perfecto en la ejecución del baile español en la segunda parte del segundo acto, dentro de la fiesta organizada en la casa de Flora.
De nuevo el público asistente, agradeció el buen hacer de cantantes, músicos y personal de apoyo de la obra, con una ovación de varios minutos, puestos en pie, obligando a saludar al elenco en varias ocasiones.

SINOPSIS CORTA
Violeta es una de las heroínas más populares de todo el repertorio lírico. Sin embargo, al estrenarse LA TRAVIATA escandalizó: ese panfleto contra la burguesía y sus “vicios” –el juego, las mujeres – conoció un fiasco completo…
LA TRAVIATA es uno de los pocos ejemplos de obras líricas directamente sacadas de una obra contemporánea y, desde ese punto de vista, no es extraño que esta ópera prefigure los dramas de la escuela realista. Independientemente del tema, la partitura se cuenta entre las que muestran al mejor VERDI: la eficacia dramática de la música va acompañada de novedades, sorprendentes en el plano armónico, melódico o rítmico, exhibiendo el compositor una ciencia completamente nueva; el preludio es un ejemplo notable de ello: de golpe, VERDI “describe” lo que será la esencia misma del drama y anticipa su conclusión; como contrapunto a una orquestación brillante que evoca la vida frívola y ociosa de la heroína, aparecen los dos temas mayores de la obra, el del amor y, sobre todo, el de la muerte. Es de resaltar en particular que VERDI procede musicalmente como a contrapelo: ofrece para empezar la imagen sonora de la muerte de Violeta (que retomará en el preludio del último acto); presenta a continuación el eco orquestal de los sufrimientos de la heroína, y más tarde de su amor por Alfredo; para acabar con la despreocupación de la fiesta parisina sobre cuyo fondo se levanta el telón.
Por otro lado, el gran éxito de la ópera reside en la belleza constante de la escritura vocal, especialmente para el papel de Violeta, primero virtuoso, luego de un lirismo apasionado, a veces mórbido, casi suicida; el último acto es especialmente característico de esta nueva “manera” de VERDI, en la que el análisis psicológico se adelanta a las peripecias externas, hallándose el canto como investido por la profundidad de los sentimientos.
Se impone una lectura más profunda de la partitura en su totalidad –injustamente desacreditada por los estetas y a menudo por los profesionales –: las convenciones no están ciertamente ausentes en ella (las intervenciones corales, la cavatina y la cabaletta del “padre noble” en el segundo acto); pero los hallazgos melódicos abundan; no se puede ser insensible a la extraordinaria plasticidad del recitativo, extremadamente elaborado, no ya “narrativo”, sino rico en emociones, donde cada nota parece cargada de intenciones.

Biografía Giuseppe VERDI

Giuseppe Fortunino Francesco Verdi (La Roncole, Busseto, 10 de octubre de 1813 – Milán, 27 de enero de 1901) fue un compositor romántico italiano de ópera del siglo XIX, el más notable compositor de ópera italiana y puente entre el belcanto de Rossini, Donizetti y Bellini y la corriente del verismo y Puccini. Fue autor de algunos de los títulos más populares del repertorio lírico, como los que componen su trilogía popular o romántica: Rigoletto, La Traviata e Il Trovatore y las obras maestras de la madurez como Aida, Don Carlo, Otello y Falstaff.
Giuseppe Fortunino Francesco Verdi nació en Le Roncole el 10 de octubre de 1813; la localidad era entonces parte del ducado de Parma (que a su vez formaba parte de Francia). Allí recibió sus primeras lecciones de música. Continúa sus estudios en Busseto, bajo la tutela de Ferdinando Provesi.
Se convierte pronto en el organista de la iglesia de su pueblo. Intenta entrar en el conservatorio de la ciudad de Milán pero no lo consigue.
Se puede decir que sus primeros éxitos están relacionados con la situación política que se vivía en Italia. Aparte de su calidad artística, sus óperas servían además para exaltar el carácter nacionalista del pueblo italiano. Quizás el Va pensiero (coro de los esclavos de la ópera Nabucco) es uno de los coros más conocidos de Italia por esta razón. De esta forma, Verdi triunfa en Milán.
Gracias a los éxitos conseguidos, Verdi puede apostar por un estilo más personal en sus óperas y presionar a libretistas y empresarios para que arriesguen y experimenten un poco más. Es notable, en este sentido, la forma en que se engendró la ópera Macbeth, con unos arduos, e incluso despóticos, ensayos para lograr que el texto fuera más hablado que cantado. Verdi consigue su cometido y el éxito de estas óperas es también notorio.
Sigue un período de dificultades personales, con la muerte de su primera esposa y su hija, que contrasta con la creación de sus óperas más populares y queridas, las ya mencionadas Rigoletto, La Traviata e Il Trovatore.
Muchos consideran que la madurez del compositor se percibe en las obras que siguen a este período; por ejemplo, Don Carlos, que fue compuesta para la Gran Ópera de París; Aida, compuesta para la Ópera del Cairo; Otello y Falstaff, con libreto de Arrigo Boito basado en Shakespeare. Algunas de estas obras no son bien recibidas por el público o los críticos, que las calificaron de demasiado wagnerianas, crítica que el autor siempre rechaza.
En sus últimos años, Verdi compuso algunas obras no operísticas. A pesar de no ser particularmente religioso, compuso obras litúrgicas, como la misa de Réquiem (1874) y el Te Deum. También compuso el Himno de las naciones, que incluye las melodías de los himnos italiano, francés e inglés, sobre texto del poeta Arrigo Boito (1862) y un cuarteto para cuerdas en mi menor (1873).
Fallece en Milán, el 27 de enero de 1901, afectado por un derrame cerebral. Dejó su fortuna para el establecimiento de una casa de reposo para músicos jubilados que lleva su nombre: Casa Verdi en Milán, donde está enterrado. Su entierro suscita gran conmoción popular y al paso del cortejo fúnebre el público entonará espontáneamente el coro de los esclavos de Nabucco (“Va pensiero sull’ali dorate”).

HISTORICO DE LA OBRA

Durante su estancia en París desde finales de 1851 a principios de 1852, VERDI, sin duda, vio la obra de teatro de Alejandro Dumas, hijo: “La Dama de las Camelias”. El libro había sido publicado en 1848 y desde su publicación había conseguido un enorme éxito. Alejandro Dumas hizo entonces una pieza de teatro cuyo éxito generó polémicas; lectores y espectadores vibran de entusiasmo o de reprobación hacia este personaje de mujer galante.
Marguerite Gautier se parece a Alphonsine Plessis, apodada Marie Duplessis, una cortesana de la alta sociedad. Se había impuesto al “Todo-París” por su brillante y refinada personalidad, aunque un tanto enigmática. Alejandro Dumas, hijo, tuvo una aventura amorosa con ella. Cuando murió en 1847 a la edad de 23 años, éste sintió la necesidad de contar este episodio, modificándolo un poco. Hizo intervenir el personaje del padre con el fin de justificar el final de la aventura amorosa.
Si la obra obtiene tal éxito, es porque se inscribía perfectamente en aquella sociedad frívola parisina donde las fiestas sucedían a las fiestas, frivolidad bajo la cual podían esconderse los sentimientos profundos y exacerbados, exprimidos con lirismo, por los románticos. Bajo Marguerite Gautier aflora el mito de la mujer que el amor conduce al sacrificio, sacrificio que lleva en sí la redención. Se dijo que VERDI eligió el tema de “La Dama de las Camelias” porque su vida privada, en ciertos aspectos, era un poco la misma historia. Vivía, hacía ya algunos años, con Giuseppina Strepponi, una famosa soprano (había cantado en “NABUCCO”), cuya carrera fue breve. Esta situación le condujo a actitudes y críticas muy desagradables; la sociedad de Bussetto no consentía las relaciones extramatrimoniales, y Giuseppina Strepponi que había tenido dos niños de una anterior aventura con un tenor, era juzgada tan severamente como “Violeta”. Una carta de VERDI a Barezzi en 1852, nos revela todo su rencor hacia sus conciudadanos que se ocupaban de lo que no les importaba.
Pero es, sin duda, más justo pensar que a VERDI le atrajo simplemente este trágico destino, al igual que le había atraído el de Gilda en “RIGOLETTO” o el de “Luisa Miller”. El romanticismo se alimenta de los amores infelices, de los sacrificios aceptados, en fin, dicho de una manera general, de todos los tormentos del alma.
Se confía el libreto a Francesco Maria Piave. Trabaja en estrecha colaboración con VERDI. El resultado es bastante fiel a la obra teatral.
Marguerite Gautier se vuelve Violeta. Adquiere una potencia emocional extraordinaria quitándose de encima todo lo que no sea expresión de lo esencial, de todo lo anecdótico. VERDI se esfuerza en revelárnosla tal como vive, y no tal como aparece en sociedad. Por lo que VERDI hace un pasaje rápido sobre su posición social de cortesana, y una puesta al descubierto minuciosa de su amor, de su sufrimiento y de su sacrificio. “LA TRAVIATA” es la ópera del “intimismo“. VERDI la compone rápidamente, casi al mismo tiempo que “IL TROVATORE”.
En aquel entonces es contrario a las costumbres, elegir un tema contemporáneo. Así, aunque VERDI se oponga a ello, la historia se sitúa a principios del siglo XVIII.
El estreno, el 6 de Marzo de 1853 en el Teatro La Fenice de Venecia, es un fracaso estrepitoso. VERDI no se extraña. El tema es escabroso para la época y choca a una sociedad pudibunda. A. Basevi, un gran crítico, reprochará aún en 1859 a VERDI haber vuelto “afable un tema inconveniente “. En cuanto a la interpretación, es más que mediocre. Graziani que canta Alfredo está ronco. El barítono Varesi juzga su partitura sin interés y no hace ningún esfuerzo; y Salvini-Donatelli, con una corpulencia más que rolliza no es creíble en el papel de Violeta, sobretodo en la escena final.
El reestreno, al año siguiente, ante el público de San Benedetto en Florencia, dio la razón a VERDI, que apostaba sobre el tiempo para juzgar su obra a su justo valor. Desde entonces, todas las grandes cantantes han querido encarnar a “VIOLETA”, una de las heroínas más populares del repertorio lírico.

El fracaso se palió casi inmediatamente, pues La Traviata comenzó enseguida en Italia, en Europa y en todo el mundo su asombrosa carrera que el transcurso de un siglo largo no ha empañado.

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