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Las hazañas del Almirante Blas de Lezo, objeto de una conferencia en el Casino


Los organizadores de la misma, solicitaron a los presentes el apoyo para solicitar al Ayuntamiento que se le dedique una calle o plaza en nuestra ciudad

Álbum, pinchando sobre la foto

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La Sociedad Cultural Casino de Torrevieja, acogió ayer, en presencia de un público que llenó su salón principal, entre los que se encontraban el presidente de la entidad, Ramón Torregrosa, el comandante de la Guardia Civil, Alfonso Martín, el director general de seguridad, Javier Mínguez y varios militares en activo y la reserva, una interesantísima conferencia que impartió Juan Luis Gómez Gallo, Licenciado en Historia, residente en Alicante, profesor en un IES torrevejense y reservista de Infantería de Marina, sobre la figura del héroe Blas de Lezo de Olavarrieta, llamado el “medio hombre”, por sus mutilaciones en diversas batallas. A los 25 años, ya carecía de un brazo, una pierna y un ojo. Lo que no impidió que pese a la oposición de sus mandos llegara a General de Marina (Posteriormemte Almirante). El acto comenzó con la presentación del presidente del Casino y la introducción realizada por Javier Mínguez. A continuación se proyectó un documental realizado por Televisión Torrevieja y locutado por Carlos Martínez, que mostró la situación de lo que en aquel momento suponía para las tierras españolas de ultramar la amenaza de la flota inglesa hasta que Blas de Lezo y Olavarrieta, les derrotó en Defensa de la plaza de Cartagena de Indias. Durante la conferencia posterior se realizó una breve introducción de la geopolítica europea en la segunda mitad del siglo XVIII y dio a conocer la biografía del almirante D. Blas de Lezo Olavarrieta.
Personaje imprescindible en la historia de España y la hispanidad. Si aquel militar español no hubiera triunfado en el combate, hoy posiblemente no podríamos sentirnos orgullosos de que más de cuatrocientos millones de personas hablasen español. Al final de la conferencia, el presidente del casino entregó al ponente una metopa conmemorativa y se solicitó a los presentes apoyo a la propuesta realziada al Ayuntamiento para dedicarle una calle o plaza en la ciudad, con el documento que les reproducimos íntegramente.

BREVE SEMBLANZA DEL ALMIRANTE D. BLAS DE LEZO Y OLAVARRIETA Y SOLICITUD DE CALLE O PLAZA QUE REPARE LA INJUSTICIA Y HONRE SU MEMORIA

Inglaterra honró a su Almirante Vernon ya desde que tomó Portobelo, en el actual Panamá, en octubre de 1739 con unas monedas y medallas conmemorativas que decían Vernon Semper Viret, «Vernon Siempre Victorioso», en el anverso, y Porto Belo Sex. Solum Navivus Expugnate, «Con Sólo Seis Navíos se Tomó a Portobelo».

El 23 de octubre de 1739 Inglaterra había declarado la guerra a España.

Iba a ser la primera vez que Inglaterra pidiese apoyo a sus colonias de América. Virginia, Massachussets, North Carolina, Pensilvania, Maryland, Connecticut y Rhode Island se sumaron al esfuerzo bélico en la jornada de Cartagena de Indias.

Lawrence Washington aportó a la empresa de Cartagena de Indias 2.763 soldados a los que el rey Jorge II había prometido libertad para todos los que, estando en las cárceles, se enlistasen en los reales ejércitos.

Bajo el mando del Almirante Sir Edward Vernon la armada lanzada contra Cartagena contaba con más de 180 barcos, más de 2.000 cañones y 23.600 combatientes, entre soldados y marinos británicos, colonos norteamericanos y macheteros negros de Jamaica.

La guerra contra España – la llamada Guerra de la Oreja de Jenkins- era muy popular. Tan popular, que de todos los puntos cardinales de los dominios británicos llegaron solicitudes de apoyo: de Georgia y Virginia, de Aberdeen, Liverpool, Bristol y Londres,y cuando la guerra finalmente se declaró el 23 de octubre de 1739, las campanas de las iglesias se echaron al vuelo. En previsión de este suceso, la Marina ya había despachado a Vernon hacia aguas del Caribe desde el 4 de agosto de ese año para dar un ataque sorpresivo, tal como lo harían los japoneses contra los Estados Unidos dos siglos más tarde en Pearl Harbor. Un día antes de la declaración de guerra de Inglaterra contra España, el 22 de octubre, Vernon había atacado a La Guaira, con muy pobres resultados para sus armas, pues no había logrado capturar el puerto, ni las naves cargadas de azogue que se disponían a salir rumbo a la Metrópoli.

El 22 de noviembre probó con más éxito al atacar a Portobelo, Esta victoria fue recibida en Inglaterra con especial júbilo, pues las dos cámaras del Parlamento aprobaron votos de aplauso al Almirante y se acuñaron las medallas conmemorativas de la toma de la ciudad.

Fue después de esta sonada victoria que Vernon le escribe a Don Blas de Lezo la propuesta para el correspondiente intercambio de prisioneros, en los siguientes términos:

Señor: …Espero que por la manera en que he tratado a todos, V.E. quedará convencido de que la generosidad a los enemigos es una virtud nata del inglés, la cual parece más evidente en esta ocasión por haberla practicado contra los españoles… Habiendo yo mostrado en esta ocasión tantos favores y urbanidades, además de lo capitulado, tengo entera confianza del carácter de V.E., que sabrá corresponder a mis paisanos con igual generosidad… El capitán Polanco debe dar gracias a Dios de haber caído por capitulaciones en nuestras manos, porque si no, por su trato vil e indigno contra los ingleses, habría tenido de otro modo un castigo correspondiente…

Y firma:

Soy de V.E. su más humilde servidor,
E. Vernon

(Portobelo, 27 de noviembre de 1739)

Y Lezo cumplidamente le respondió:

…Bien instruida V.E. del estado en que se hallaba aquella plaza, tomó la resolución de irla a atacar con su escuadra para conseguir sus fines, que son distintos a los de hacernos creer que eran en satisfacción de lo que habían ejecutado los españoles… Puedo asegurar a V.E. que si yo me hubiera hallado en Portobelo, se lo habría impedido, y si las cosas hubieran ido a mi satisfacción, habría también ido a buscarlo a cualquiera otra parte, persuadiéndome de que el ánimo que faltó a los de Portobello, me hubiera sobrado para contener su cobardía. La manera con que dice V.E. ha tratado a sus enemigos es muy propia de la generosidad de V.E., pero rara vez ha sido virtud de vuestra nación y, sin duda, la que V.E. ahora ha practicado será imitando la que yo he ejecutado con los vasallos de Su Majestad Británica durante el tiempo en que me he hallado en estas costas… No dudando que V.E. en todo lo que estuviere de su parte facilitará el envío de españoles que se hallan en esa isla, apresados en diferentes embarcaciones, con cuya demostración solicitaré que se haga lo mismo con todos los ingleses que se hallen en los puertos de esta América.

Y firma, sin ninguna melosería:

Su más atento servidor, Don Blas de Lezo

(a bordo del Conquistador, 24 de diciembre de 1739)

Blas de Lezo debía precisamente, a los ingleses la mutilación de su pierna izquierda en 1704, en la batalla de Gibraltar, durante la Guerra de Sucesión Española.

El 13 de marzo de 1741 comenzó el ataque de la poderosa armada británica a Cartagena de Indias. El último británico se retiró de Cartagena el 20 de mayo.

En la madrugada del 20 de abril de 1741 comienza el asalto final al castillo de San Felipe de Barajas: ” ..El fuego de fusilería es intensísimo y los soldados ingleses no consiguen progresar con facilidad, pasan las horas y las fuerzas de ambos bandos se van concentrando en el mismo flanco, sin embargo los ingleses están sufriendo una gran desgaste subiendo la ladera bajo el sol tropical y el fuego español. Los ingleses envían 400 hombres más de refuerzo pero el combate sigue igual de trabado, hasta que al medio día los españoles dan toque de oración y detienen su fuego algo que será respetado por los atacantes mientras se hace un silencio sepulcral en el campo de batalla. Se reanuda la contienda y poco después de la pausa los británicos dan el toque de asalto comenzando el combate a bayoneta calada. Las artillerías dejan de abrir fuego contra la infantería excepto cuando se producen repliegues españoles que son superados en una proporción de cuatro a uno, a pesar del envío al combate de la reserva de 200 marinos. La línea de combate llegó a los pies de la fortaleza, varios puntos de la trinchera han sido rebasados, el combate es encarnizado, y los soldados españoles están empezando a mostrar signos de debilidad. Blas de Lezo se da cuenta que es el momento decisivo de la batalla, es un todo o nada, y da la orden de que sus 300 marinos, que servían los cañones del castillo y eran su única guarnición, salgan a la carga. Los fatigados ingleses se vieron desbordados en un momento crítico de la batalla ante la frescura e ímpetu de aquellos hombres, siendo expulsados de aquella posición y perseguidos por la tropa española comenzaron una retirada cuesta abajo. Ante estos acontecimientos los asaltantes que ascendían la ladera también se vieron desbordados psicológicamente y la huida se contagió entre las fuerzas inglesas, produciendo una estampida desordenada que los dejó a merced de los españoles y provocó la masacre de los ingleses. Estos fueron perseguidos por los defensores hasta La Popa, donde capturaron las piezas de artillería que allí había. El asalto final había terminado, se había firmado otro glorioso capítulo para las armas españolas.”

Las bajas inglesas en la campaña de Cartagena fueron tremendas, quedando la flota de guerra de su armada prácticamente desmantelada:
● 8.000 muertos en combate.
● 1.500 muertos por enfermedades.
● 7.500 heridos en combate.
● 6 navíos de tres puentes.
● 13 navíos de dos puentes.
● 4 fragatas.
● 27 transportes.
● 1.500 cañones capturados o destruidos por los españoles.
Del lado español los daños fueron también importantes, llegando casi al límite de lo que podía soportar la guarnición:
● 800 soldados.
● 1200 heridos.
● 6 navíos de dos puentes.
● 5 fuertes.
● 3 baterías.
● 395 cañones.
“Cada barco y soldado español hizo frente y derrotó a 10 ingleses”. El resultado es tan increíble que el propio Lezo atribuyó la victoria “a las misericordias de Dios”.

Existen informaciones ciertamente dramáticas de los propios combatientes ingleses, que hablan por si solas de la debacle y la tragedia que se cernió sobre ellos: “Por la cuenta honesta tuvimos 18000 hombres muertos, y según un soldado español que capturamos, ellos perdieron a lo sumo 200. El Almirante Una Pierna con su excelente mando y fuego mató a 9,000 de nuestros hombres, la fiebre general mató un número parecido. Cuando eché la última mirada al puerto de Cartagena, su superficie era gris con los cuerpos putrefactos de nuestros hombres, que murieron tan rápidamente que nosotros no podíamos enterrarlos. De los agricultores pobres y débiles de nuestras colonias norteamericanas murieron cuatro hombres de cada cinco”.

Tras la tempestad no vino la calma. Sebastián Eslava, Virrey de Nueva Granada, se guardó las desavenencias con el marino vasco y escribió varias veces al Rey pidiendo castigo para Lezo, cosa que al final logrará hundiéndole social y económicamente. El marino vasco intenta conservar el prestigió y la fama ganadas durante 40 años de su vida entregados al servicio de Su Majestad Felipe V, escribiendo a sus amigos de la península, remitiendo el diario de lo acontecido en Cartagena de Indias. Patiño, su gran valedor, intenta mediar ante el rey, pero éste bastante trastornado y ya envenado por las informaciones de Eslava ignorará lo que alega Lezo.

El Almirante estaba ya enfermo, unas fuentes afirman que por las heridas sufridas y otras por las enfermedades transmitidas tras la matanza ocurrida semanas antes. Y yo digo que, sin negar lo uno ni lo otro su enfermedad era del alma, angustiada por una decepción oceánica, incapaz de asimilar la deslealtad de su Rey Felipe V, que en aquella época era casi tanto como decir de España, a quien había dado toda una vida de combates, penurias, sufrimiento físico y victorias.

Nadie, ni siquiera los más bravos si tienen corazón, pueden soportar el derrumbamiento del edificio de afectos y certezas que sostienen el ánimo firme y el alma pegada al cuerpo mortal.

El 7 de septiembre de 1741 murió D. Blas de Lezo en Cartagena de Indias. No recibió sepultura en lugar conocido por las penurias monetarias y sociales que padeció su mujer por causa de rencores miserables y tan dolorosamente españoles, aunque duela reconocerlo.

Nadie se atrevió a mostrar su cercanía por miedo a las represalias. No hubo dinero ni para la lápida, así que nunca se supo donde descansa el héroe. Fácil entender que su viuda abandonase la ciudad donde un Virrey dominado por sentimientos tan mezquinos que diríase vendrían de Satanás, el gran Mentiroso, impidió dar digna sepultura a quien con su genio, indomable voluntad y sacrificio personal, había preservado el Imperio Español en América por otros ochenta años.

Tal fue la crueldad que incluso muerto fue destituido, aunque varios años después se rehabilitase su figura y se le concediese a título póstumo un marquesado.

Que nadie busque la tumba del héroe en Cartagena. Aquel por cuyo esfuerzo hoy hablan en español y no inglés decenas o cientos de millones de seres, el salvador de un Imperio de españoles europeos y americanos, fue enterrado en desconocido. Su oponente, Sir Edward Vernon, aunque fue destituido, reposa honrada su memoria en la abadía de Westminster desde 1757.

Así es España, y nos duele.

Así desapareció un almirante leal, valiente y tenaz, brusco pero humilde, pragmático e ingenioso y con perfecto dominio del factor psicológico, uno de los militares más brillantes que nunca haya dado España, probablemente, el mejor de su época y, sin ninguna duda, uno de los más injustamente olvidados por la Patria, nuestra siempre amada pero en demasiadas ocasiones, ingrata España, que le negó incluso su última voluntad, pues en su testamento pedía Don Blas que un grupo de españoles pusiese una placa que conmemorase aquella victoria.

Esa placa fue colocada el 5 de noviembre de 2009 en Cartagena de Indias, pues Blas de Lezo es un reconocido héroe en la ciudad, que le rinde homenaje de varias maneras: barrios, avenidas y plazas le conmemoran en sus nombres; y su estatua frente al baluarte de San Felipe mantiene vivo entre los cartageneros el recuerdo del defensor de la ciudad.
La placa está al pie del castillo de San Felipe de Barajas y en la inscripción se puede leer: «Homenaje al Almirante D. Blas de Lezo y Olavarrieta. Esta placa se colocó para homenajear al invicto almirante que con su ingenio, valor y tenacidad dirigió la defensa de Cartegena de Indias. Derrotó aquí, frente a estas mismas murallas, a una armada británica de 186 barcos y 23.600 hombres, más 4.000 reclutas de Virginia. Armada aún más grande que la Invencible Española que los británicos habían enviado al mando del Almirante Vernon para conquistar la ciudad llave y así imponer el idioma inglés en toda la América entonces española. Cumplimos hoy juntos, españoles y colombianos, con la última voluntad del Almirante, que quiso que se colorara una placa en las murallas de Cartagena de Indias que dijera: AQUÍ ESPAÑA DERROTÓ A INGLATERRA Y SUS COLONIAS. Cartagena de Indias, Marzo de 1741»

273 años después de la gesta, hoy, en la ciudad de Torrevieja, nosotros, un grupo de ciudadanos nacidos en ésta y en otras ciudades de España, la un día Iberia, el solar ibérico que hoyaron otros pueblos mediterráneos, la tierra que quiso ser cabeza de un mundo cartaginés que no llegó a ser, la Hispania rebelde y levantisca que se convirtió en pilar de la Roma universal, la Hispania tierra de mártires de la cruz redentora; nosotros, ciudadanos de la que un tiempo fue patria de europeos y americanos; nosotros, hijos de la España que fue también madre de nuestros padres y abuelos y que hoy, una vez más, recurrente en su historia, sufre; nosotros queremos recordar a un español, vasco grande, hombre de mar y de armas, y querríamos también pedir ese recuerdo a nuestros paisanos y autoridades, y el hacerlo es, no tanto por la valía y contribución personal extraordinaria de Don Blas de Lezo y Olavarrieta a su Patria y a su Rey en el tiempo que fue su tiempo, sino porque el pago que entonces recibió la enorme entrega fue la ingratitud y la injusticia, y entendemos que este matiz importa y mucho porque hoy, en 2014, cuando es necesario convocar todas las energías de hombres y mujeres en la empresa común de superar dificultades y salir todos juntos del abatimiento, importa más que nunca obrar movidos por valores y actuar con ejemplaridad, e importa también y mucho para preservar nuestra autoestima saber rechazar la injusticia y la ingratitud como pago para quienes sirven a España con honestidad y recta entrega, y situados en esas coordenadas que entendemos se precisan en esta difícil coyuntura, aspiramos a contribuir siquiera en mínima medida a la reparación de una injusticia histórica, cual fue el trato miserable y el olvido insoportable de la figura de un gran español, el Almirante pasaitarra Don Blas de Lezo y Olavarrieta, que vivió, se esforzó y combatió por su nación en Europa, África y América, en el Mar Mediterráneo y en el Caribe, en los océanos Atlántico y Pacífico, nunca derrotado, y que como broche a una vida de esfuerzo, en mayo de 1741, al frente de españoles europeos y americanos, se alzó victorioso en Cartagena de Indias sobre la pretendida armada Invencible del Almirante Sir Edward Vernon, quien ciertamente de haber triunfado, como llegaron a mostrar las medallas acuñadas y pronto retiradas, habría puesto fin al mundo hispánico en América, anonadado el idioma español y cambiado el curso de la Historia y, por todo ello, desde esta tierra española y mediterránea, solicitamos respetuosamente de esas autoridades municipales tengan a bien destinar a la memoria del Almirante una avenida o calle de primer orden, o plaza de importancia, en la que cada placa puesta recuerde al ciudadano en esta manera el hombre: “Almirante Don Blas de Lezo, Pasajes (Guipuzcoa), 1689-1741, Marino español, gran servidor de la Corona y la Nación españolas, apodado Medio Hombre por sus mutilaciones y heridas en combate, guerrero invicto, vencedor en Cartagena de Indias ante enemigo muy superior, sufrió por ingratitud e injusticia”.

Una respuesta

  1. La historia completa, sin novelar, en http://www.labatalladecartagenadeindias.com

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