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Retrato de lo cotidiano


La violencia contra la mujer es una violación contra los derechos humanos. Mientras continúe, no podremos afirmar que hemos avanzado hacia la igualdad y la paz.
Foto-Violencia-doméstica-e1385481856744Encarna Hernándezencarna

Ha pasado un día más donde se ha conmemorado en toda España el Día Internacional para la Eliminación de la Violencia contra la Mujer, recordando a las 44 mujeres que han muerto víctimas de la violencia de género. No solo es una cifra, no se trata de solo un día. Para muchas mujeres lo cotidiano en algunos casos es que digan: Lo que menos duele son los golpes. No así el sufrimiento hasta llegar a ese momento.
Se puede maquillar las huellas del puñetazo pero no las cicatrices que dejan los insultos, el “no vales para nada”, “aquí mando yo, a ver si te enteras”. Son las humillaciones ante los hijos, el aislamiento, el sentirse nada… y así siguen en su día a día Susana, Carmen, Teresa y tantas mujeres.
Cuando él llega a casa, es como si hubiera llegado a su particular campo de combate, tras los insultos, vuela un cenicero, o el plato de la cena, un zapato, la sartén; son proyectiles de maltratador, armas contra las mujeres. Psicólogas y abogadas en los centros de recuperación y un sinfín de denuncias, autos judiciales y casos en los que el agresor ha usado como armas los objetos cotidianos, demuestra la violencia machista.
Un móvil, el cigarrillo, una silla, la mano, el llavero… todo material doméstico convertido en fuego enemigo, el colmo de la desamparo para las víctimas. Y ella donde creía tener un hogar, éste se ha convertido en un campo de minas. La casa deja de ser un lugar seguro, dicen aquellas que han sido golpeadas por fuera y por dentro. En medio de su ira, los violentos tiran de lo que tienen a mano, látigos tan básicos como los dedos en la garganta. Arantxa, María, Sonia… y junto a ellas, lo cotidiano de un día más. Una violencia tan cotidiana que sólo se entiende desde la víctima. El miedo y la privación de sueño son habituales. Percha, bolígrafo, el mando de la tele, una taza… más tarde la fase del arrepentimiento y el momento cuando ella perdona incrementando su propio riesgo.
Comienza el destructivo maltrato psicológico. El “después de” se carga de perdones y promesas “no volverá a ocurrir”. Ella sueña con una nueva “luna de miel” imaginando “me quiere y va a cambiar”. Cree que tras el perdón no volverá a ocurrir. Así ella se debate entre el “me quiere” y “tengo que marcharme”.
Esto es lo cotidiano en algunos casos. La realidad es tan clara para la mujer maltratada como los objetos que se vuelven peligrosos: un vaso, un cuchillo, la plancha… pero el arma por excelencia es la palabra. La humillación, el insulto, la ridiculización y la amenaza provocando las heridas que más tardan en curar. Contra el maltrato teléfono 016, llama.

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