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Opinión: La paloma


Paloma-660x350Francisco Sala AniorteFrancisco Sala
Cronista oficial de la Ciudad
(Publicado en “La Verdad” el 25.7.2016)

En diciembre del 2015 se cumplieron 150 años del fallecimiento de Sebastián Iradier, compositor de la habanera ‘La paloma’ y uno de los músicos más importantes y olvidados que ha dado nuestro país, tanto que en el recién clausurado 62 Certamen Internacional de Habaneras de Torrevieja únicamente el Coro de Cámara Khmelnytskyi, de Ucrania, ha tenido un recuerdo hacia él interpretando su universal habanera. Los críticos y especialistas musicales señalan que ‘La paloma’ sobrepasa las tres mil versiones diferentes. ‘La paloma’ era una de las canciones favoritas de Carlota de Bélgica, emperatriz de México y esposa de Maximiliano de Habsburgo, por ese motivo y dado que Maximiliano pertenecía a la Casa de Habsburgo, las naves de la flota naval de la armada austrohúngara nunca tocarían la canción, incluyéndose un incoherente y original estribillo: «No te enseñao, no te enseñao el cuadrilátero tan decantao, que los austríacos han regalao al amor mío muy dibujao. Y el papelítico certificao de que la guerra ha terminao, con tres obleas me lo han pegao, me lo ha pegao y requetepegao…».
Pero ahora voy a escribir de la otra ‘paloma’ más acorde con este tiempo canicular, me refiero a la refrescona bebida compuesta de anís, agua y mucho hielo son los ingredientes esenciales para la elaboración de esta tradicional bebida, antes típica del verano torrevejense. Una tradición que refrescó a los torrevejenses en los días calurosos desde el siglo XIX.
El origen de esta destilación en esta zona parece provenir del paso migratorio al norte de África (Orán, Argel y Mazalquivir), dando origen a un mestizaje gastronómico entre la cultura francesa y la levantina. A su regreso portaban el hábito de beber esta blanca bebida y los secretos para su elaboración, parecido al pastís galo.
En el siglo XIX los anisados desempeñaron en España un papel sanitario, similar a la ginebra en Inglaterra victoriana, variados preparados eran típicos de cada población, incluyendo el ‘canario’, elaborado con anís de ‘paloma’, jarabe de limón y agua, servido de aperitivo en toda la Vega Baja.
Su consumo conocería un gran estallido a mitad del siglo XIX al irrumpir el cólera en la Península Ibérica. El desconocimiento de las causas que generaban el terrible síndrome gastrointestinal -el ‘comma vibrio’ causante de la enfermedad fue descubierto por Koch en 1863- se intentó paliar con el consumo de anís.
Una supuestas propiedades anticoléricas se debieron al fervor popular de poblaciones como Torrevieja, aficionada a beber ‘palomas’; y Monóvar, donde la bebida adoptó el nombre recortado de ‘un mono’, diminutivo del gentilicio ‘monovero’, que adoptó José Boch en Badalona, al registrar la marca ‘Anís El Mono’.
Los vinos y aguardientes fabricados en Torrevieja por Pedro Casciaro Lobato -gibraltareño afincado en Torrevieja en el ‘Cerco de San José’-, fueron premiados en las Exposiciones Universales de Barcelona, en 1888, y París, en 1889, destacando el ‘anisado suave’ como producto estrella.
Las viviendas de Torrevieja disponían de aljibes, lugar donde eran recogidas las aguas pluviales de arrastre, procedentes de los tejados. Cuando se extraía el fresco y liquido elemento de la cisterna, se llenaban los botijos, añadiéndosele un chorrito de anís seco, convirtiéndose en una deliciosa bebida y, al tiempo, medicinal, eliminando al mismo tiempo los gusarapos que producían enfermedades.
Que Torrevieja no fuera atacada por el cólera se debió a que el agua no procedía de acequias, ni del río, no estando contaminadas por el vibrión colérico contenido en las aguas que habían estado en contacto con heces portadoras del patógeno microbio.
Sus botellas de vidrio blanco y puntas de diamante, inspiradas en algunos envases y frascos utilizados en las boticas para la contención de jarabes y pociones, terminaron imponiéndose en el distintivo de los recipientes de anís.
Entre finales del ochocientos y principios del siglo XX, en Torrevieja se abrieron establecimientos especializados en anís de ‘paloma’: el de Manuel Pérez Aniorte ‘el Pinta’, en la calle Quiroga, número 10 -actual calle Ramón Gallud-, esquina con la calle Empecinado -actual calle Patricio Pérez-; el de Antonio Lorquí, en la plaza de Isabel II -actual mercado central-; El de Jesús Villena, en la calle Lacy, número 6 -actual calle Chapaprieta-; el de Nicolás Blanco, en la calle Quiroga; y la bodega de Fulgencio López, en la esquina de la calle Chapaprieta con la plaza de Isabel II.
Se llegó a tomar la ‘paloma’ como bandera de ideales políticos entre los dos bandos irreconciliables de Torrevieja: Los ‘trinistas’ -seguidores de Trinitario Ruiz Valarino- y los ‘chapistas’ -incondicionales de Vicente Chapaprieta Torregrosa.
Francisco Torregrosa y Cª. fabricó en Torrevieja el anís ‘Torregrosa’ y el coñac ‘Maciá’, bebidas que se distribuían por los bares de la localidad y por toda la comarca de la Vega Baja. Vicente Moscardó Barceló representaba en su bodega la marca de anís ‘Colosal’; José Ballester Costa era el distribuidor en Torrevieja del anís ‘Salas’; destacando también por su frecuente consumo el anís ‘Candela’, todos fabricados en Monforte del Cid. Los tres productos compitieron en superarse en ventas, cooperando en fiestas patronales, Hogueras de San Juan y otros festejos populares. Los tres anises se caracterizaban por ser de sabor más suave y fino, a diferencia de otros en los que destacaba más el sabor a las plantas empleadas en su elaboración.
A partir de los años sesenta del pasado siglo, la costumbre de beber la frescachona y típica ‘paloma’ fue menguando. Hicieron entrada el ‘pastís’ francés, las marcas ‘Pernod’ y sobre todo ‘Richard’ hirieron gravemente a la ‘paloma’ torrevejense que, ya agónica, terminó perdiendo casi todo su plumaje y hasta las alas con la entrada en los bares de las últimas bebidas de moda: whisky, cubalibre, gin-tonic, San Francisco, Bloody Mary…
No por ello algunos torrevejenses dejamos de tomar, de cuando en cuando, la típica ‘paloma’ acompañada con unas finas rodajas de hueva, mojama, pulpico seco, gato o capellanes, aunque sólo sea en días de Pascua Florida o en algún canicular día de verano, entonando a coro la habanera ‘Torrevieja’ o, valga el abuso, la famosa de Iradier, ‘La Paloma’.

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