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Opinión: “Paripé interruptus“


El vicario, Pedro Payá (Imagen de archivo)

Juan Carlos García
Torrevejense del Sequión.

Cuando murió el tío Paco, autoproclamado Generalísimo (típico del delirio de grandeza de un dictador), un servidor rondaba los 17, por lo que tuve tiempo de vivir la dictadura y sus típicas parafernalias, donde los poderes fácticos y los estereotipos, estaban presentes en nuestro pueblo. El alcalde, el cura, el capitán de la Guardia Civil, el médico y el maestro, eran los que manejaban el cotarro y eran las cabezas visibles del municipio y por norma general se les trataba (mezcla de respeto, educación y acojone) con el protocolario “don”. Don Vicente, don José, don Patrocinio, don Pedro, eran habituales y referentes para todo.

Quizás el único que se ha mantenido con esa distinción hasta nuestros días, es el cura, que aunque sea joven se le sigue distinguiendo con el “don” delante. Puede que esta distinción les anime a veces, junto al encontrarse con un micro y un público entregado (aunque silencioso) enfrente, a que se les suelte la lengua y se despachen a gusto sobre el tema que ocupa ese día, en su momento de gloria que es la homilía.

Esto pasó esta semana en nuestra parroquia, cuando el vicario local D. Pedro Payá, se quedó a gusto en la homilía del domingo, contra la cabalgata incompleta (según él) de Reyes.

Yo que no me considero creyente, pero si respetuoso y tolerante con la religión (cualquiera), considero los desfiles y pasacalles (religiosos o laicos) como parafernalia, que como tal tiene unos códigos y normas que se repiten cada vez que se representan. Vamos, lo que vulgarmente se denomina “paripé organizado”.
Esta premisa tan simple, una vez más no se tuvo en cuenta y la última cabalgata (sin contrato, creo) no tuvo su final lógico y el que le da sentido, que es la adoración de los reyes al niño, porque así está escrito (Biblia dixit) y que las reglas del paripé cabalgatero exigen.

Nunca sabremos si se hizo por desconocimiento o por dejadez, pero lo que está claro es que la metedura de pata fue considerable. De nada valen todas las flores autoechadas por la organización, el vallado y el control del trayecto, si se acaba con “cagada”.

Una vez más, como he incidido otras veces desde estas líneas, se precisan asesores competentes que sean capaces de orientar correctamente al titular de la concejalía, no colegas a los que se les premia el apoyo incondicional.

Pues bien, visto lo visto, resulta que don Pedro tenía razón (“…o se hace bien o no se hace…..”), pero quizás le perdieron las maneras, solo le faltó en pleno estado de excitación, subir al antiguo púlpito (aquel que estaba 2 metros sobre el suelo) e invocar al diablo para que se llevase a esos rojos que le dejaron la fiesta (y por supuesto su participación) a medias .

En fin, una más a sumar en la cuenta de desatinos de este multipartito.

Esta vez y don Pedro lo puede corroborar, la Cabalgata fue un “”paripé interruptus”.

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